El programa iconográfico de San Gil

La advocación de San Gil, abad y anacoreta, como titular de una parroquia de larga tradición en Zaragoza, va a determinar que, en la renovación que sufrió la iglesia a lo largo del siglo XVIII,  se introdujese un programa iconográfico de santos penitentes y anacoretas, en un total de siete, con imágenes de tamaño mayor que el natural, colocadas sobre ricas ménsulas de madera dorada y que dan una riqueza ornamental impresionante  a ambos lados de las embocaduras de las capillas laterales. Este programa está compuesto por las esculturas de San Antonio Abad,San Caprasio, Santa María Egipcíaca, San Macario Abad, San Hilarión Abd, Santa María Magdalena y San Pablo, que se completan con los medallones que decoran el púlpito narrando la vida de San Gil Abad, santo titular del templo.

El conjunto de esculturas es obra de José Ramírez de Arellano, y todas las imágenes, excepto la de San Caprasio, que luego desarrollaré, se encontraban ya en la iglesia el 1 de septiembre de 1745, festividad de San Gil, lo que indica que ya antes de esta fecha estaban ejecutadas.

Respecto a los datos que tenemos sobre ellas, no muy amplia, citar un acta del capítulo de la parroquia de 29 de agosto de 1745 en la que se hace constar que un devoto hizo poner, a sus expensas, las seis estatuas , con sus repisas y dos tarjetones dorados, mandando celebrar actos en honor del anónimo donante.  El 10 de septiembre del mismo año,  se habla de un dinero donado para para una novena como acción de gracias por las estatuas. Hay diversas opiniones acerca del anónimo donante; para unos fue  don Francisco Ignacio de Añoa y Busto, gran promotor de las artes, y para otros, como el historiador Alfonso García de Paso, se debieron al mecenazgo de doña Manuela Forner y su esposo don Pedro Azpuru, abogado de los Reales Consejos, como exvoto por no haber sufrido ningún daño la capilla de San Nicolás, propiedad de la familia Forner, al caer un rayo en la iglesia el 17 de julio de 1744.

Hemos dicho que la donación consistía en seis estatuas y sus tarjetones. Por lo tanto, la séptima de la serie, fue posterior a 1745, datándose en 1747 las obras llevadas a cabo en la parroquia para poner la repisa donde iba a estar colocado el santo. Se trata de la estatua de San Caprasio: su autoría parece que debe atribuirse también a Ramírez de Arellano, y parece ser que fue costeada por la propia parroquia.

 

San Caprasio, iglesia de San Gil Abad.

San Caprasio, iglesia de San Gil Abad.

 

Tal vez pudo ser encargo de la Cofradía de Santa Fe,vinculada a la parroquia desde su fundación en 1218, responsable del hospital de niñas huérfanas  fundado en 1543, pero de existencia muy anterior. Sea de quien sea la iniciativa, las noticias sobre San Caprasio son muy escasas,pero debemos recordar la estrecha vinculación entre el santo y Santa Fe,ambos mártires en la ciudad de Agen (Francia), en el siglo IV, siendo el santo quien animara a la santa a dar su vida por la fe en Cristo.

San Caprasio fue consagrado primer obispo de su ciudad natal, Agen.Con motivo de la persecución contra los cristianos hacia el año 303, huyó de su ciudad y se escondió en una cueva.Pero enterado del martirio que sufría la virgen Santa Fe , pidió al Señor que si lo juzgaba digno de la gloria del martirio, hiciese brotar agua clara de la peña de la cueva. Obrado el milagro, regresó a la ciudad donde alcanzó el martirio junto a la santa virgen.

Su culto se introdujo en Aragón en la segunda mitad del siglo XI, citándose su cuerpo como uno de los que deben de ser venerados por los peregrinos que viajan a Compostela en el Liber Sancti Jacobi. Fue objeto de muchas tradiciones en localidades de Aragón,como la que recoge que estuvo viviendo en una cueva de la sierra de Alcubierre o el templo dedicado a su figura en Snta Cruz de la Serós.

La escultura es distinta a las demás de la serie: viste lo que parece ser una túnica sacerdotal, con cuello blanco con picos, y, sobre ella, un manto de anacoreta, forrado de piel y ceñido por una banda de tela de las mismas características.De su cintura, en el lado izquierdo, cae un rosario con gruesas cuentas, algunas perdidas, y la cruz que si se conserva.La corta cabellera de su cabeza y una cuidada barba, con un solideo que debe de hacer referencia a su condición episcopal, se completan con la mano derecha tendida hacia el pecho y con la mano izquierda extendida,pero al faltarle los dedos no sabemos qué portaba en ella, pero desde luego algún objeto al que mira con gran devoción.

Alcanza una altura de 2,10 metros, y el arrepentimiento y su vida en el desierto quedan perfectamente reflejadas por Ramírez de Arellano, llegando a un gran nivel en el tratamiento anatómico de la figura y en la versatilidad de la posición del santo. Ha sido recientemente restaurada y se le ha devuelto su policromía original, por lo que podemos admirarla tal como la realizó el escultor en 1747.IMG_20150608_004848

Imagen de San Caprasio, en el lado de la Epistola. Iglesia de San Gil Abad.

Imagen de San Caprasio, en el lado de la Epistola. Iglesia de San Gil Abad.

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